jueves, 28 de enero de 2016

Espacios vacíos de sentido

Pobre de aquel que se crea dueño de su alma.

¿Quiénes somos todos los que estamos parados aquí? No sé a dónde vamos, pero sé por qué estamos así.
Ni si quiera tengo en claro qué quiero decir, pero quiero escribir.
Me he dado cuenta de algo: no soy dueña de mi alma.
¿Qué nos hace pensar que somos dueños de nosotros mismos? ¿Te sientes dueño de tus sueños o emociones? ¿Estás seguro de no ser preso de tus acciones? ¿Dónde queda en claro nuestra libertad? Libertad ¿Libertad de qué o para qué? Si ya nadie puede hacer nada sin tener que dar explicaciones.
De qué libertad me hablan, si ya no se puede caminar en paz, o hablar, o mirar, o sentir sin ser juzgados, atacados. Gente pidiendo el por qué. ¿Será que tengo libertad para pensar?

Me he dado cuenta de que tampoco soy dueña de mi cuerpo. He venido al mundo sin querer, y no hago más que usar y abusar de lo que se me ha dado. Lastimo y me lastimo. Y digo “abuso” porque nada es mío, estoy de prestada. Estoy de paso por aquí.

Entonces suena una canción que me incita a preguntar, sin miedo: ¿qué he estado haciendo todo este tiempo? Cómo es posible que haya pretendido poner en juego así el corazón, llevar al límite la seguridad de mi esencia. ¿Qué pasará con mi alma si llego a caer? ¿Qué buscaba? Buscaba.
Haber perdido tanto tiempo buscando personificar el amor, ese del que todos hablan y pocos sienten.
¿Será que lo sentí alguna vez? Me siento tan externa a mí misma que ya no estoy segura de nada. Ya no sé si todo ha sido real o si una vez más jugué con mi imaginación. O mi mente jugó conmigo.

Basta de culpar al destino y al universo de mis fracasos. Aquí nadie es culpable de nada.

Después de todo esto me siguen lloviendo preguntas: si no soy dueña de mi cuerpo ni de mi alma, ¿quién es la que habla? ¿Quién es la que piensa? ¿De quién es la voz dentro de mi cabeza? ¿Quién decide por mí?

Es esta la peor manera de existir; no sé si estoy bajo tierra, en el medio, o en lo profundo de algo que no sé si tendrá fin.

Termina la canción y aún no sé qué hago aquí. ¿En dónde enseñan cómo seguir?

Lucy's underground, she's got a mouth to feed

domingo, 27 de diciembre de 2015

Un lugar

Quiero volver a ese lugar, donde había mil formas de ver las cosas, y sólo  realidad. Donde todo es como yo quiero, en la medida que se pueda, donde está permitido sentir hasta el hartazgo (que aún no llegó).
Ahí donde no existe luz ni oscuridad, y el calor que se produce se vuelve el frío de un acondicionador de aire. Donde se respira el mismo aire, a la misma distancia, y todo está bien.
A ese lugar que mi peor lado se encargó de pensarlo mío, mi pecado más dulce: creerme dueña de momentos, cosas y personas. Pero no me importa, en mi lugar es válido todo lo que me haga feliz.
Volver a ese pequeño lugar donde puedo perderme por su inmensidad. A veces me da miedo pensar en perder el control justo ahí, donde nadie más me puede salvar.
Donde es fácil subir y muy difícil bajar.
Ahí donde no existen límites para soñar, porque se duerme mucho y se quiere más.
A un paso del abismo donde me daría gusto reventarme la cabeza, o morir en el intento de sentir el impacto.
Me impacta.
Donde me quedo colgada en la estacada. (¿Acaso todo el mundo sabe el universo de significados en el que vivimos?).
Ahí dónde quizás me guste perder la cabeza, y la razón.
Donde me permito sobredosis de todo lo que me de placer.
Ahí, porque sí, y puntos.

Mío

jueves, 10 de diciembre de 2015

Multitud

Sin miedo, apelando a mi memoria

No soltarnos, sin quitarnos libertad. No podía dejarte de mirar. Quizás era la euforia de volver a estar tan cerca de vos, poder rozarte sin querer, y queriendo, jugar con tu pelo. Todo el conjunto de cosas que uno siempre desea cuando por alguna razón se aparta bruscamente de otra con la cual había creado, consciente o inconscientemente, un vínculo, y en potencia cuando te cuesta el desapego. Te empalagaste, pero te gusta. Y te separan. Anhelaba volverte a ver y por fin te tenía de frente, conmigo.

Entre sonrisas y miradas, no hacía falta decir nada. La realidad era todo y con la presencia física era suficiente para sentirnos plenos. Creo que entender eso es importante para poder entender el por qué (o el por qué no) de ciertas cosas. Yo me sentía plena cuando te vi, y aún más cuando comprendí que, sin que me lo hayas dicho, vos te sentías igual. Todo era tan lindo.

Y, ¿qué mejor que repartir la felicidad? Nada. No hacíamos nada y eramos felices. Nos fuimos a dormir, como otra actividad "recreativa" que nos resulta placentero compartir. Nadie que no se haya sentido así alguna vez puede comprender lo bien que se siente poder dormir con alguien que deseas. Nada como dormirte con una sonrisa dibujada en la cara, y aunque te despiertes hecha un mamarracho, esa sonrisa sigue ahí.

Nos fuimos a pasear, cual adolescente sale de la escuela un viernes y se va a la plaza a juntarse con amigos, caminando de la mano, o al menos eso intentamos. La gente empezó a aparecer de todos lados, mi mundo de fantasía se empezó a desmoronar. Era evidente que yo no era la única persona aquí que te estaba esperando, y entre tanta gente te perdí. Me perdí. Dejé de sentir tu mano y no te vi más. Ya no sonaban canciones felices en mi cabeza. Te habías ido de nuevo, o te habían alejado, o lo que sea. No estabas más.

Empecé a sentir un frío que me corría por la espalda y a pesar de que era de día, yo sentí que se volvió todo oscuro. El lugar dejó de resultarme familiar, la gente se multiplicaba y yo me sentía cada vez más mínima. Ahora me pregunto, ¿estaba desapareciendo?

Me empecé a ahogar de tanto drama, necesitaba encontrarte otra vez, pero esta vez yo te busqué. Me fui a cada esquina de la plaza, me crucé con tantos personajes, y me parecía extraño que mientras te buscaba entre la gente, no sabía quiénes eran porque no veía sus rostros, pero sabía que no eras vos, porque ninguno era el tuyo. Te seguí buscando, sin éxito.

Y en un momento me frené, noté que ya no era tan diminuta, y había vuelto un poco la luz, entonces comencé a caminar, como camina cualquier persona sin rumbo alguno, buscando algo que lo anime, o lo des-aburra. Busqué sentido y vi un escenario. Creció esperanza en mí. No sé por qué se fue la oscuridad y pude ver que del otro lado estabas vos, llamándome. Estaban tus amigos, también. Me sentí confundida, pero corrí.

Me sentía en una película de drama que yo misma me encargué en ese momento de llamarla "¿Caos?", me sentí exagerada porque no estaban lejos, pero corrí igual. Y ahí estabas, otra vez, en frente de mí, mirándome con una sonrisa. No me hacía falta más. Increíble el poder de tu sonrisa, o mi debilidad. Sentí que todo volvió a la normalidad.

Sentí que todo era real, cada emoción, cada suspiro, y lo sigo sintiendo ahora, después de haberme despertado.

No estoy para interpretar nada. Hoy no.

Lourdes