domingo, 20 de marzo de 2016

Guerra de palabras

Hablar con él era eso, un conflicto ideológico, político y moral. Una guerra doble entre nosotros dos y conmigo misma.
En mí, las palabras que debían ser dichas atacaban constante y exitosamente a los más sinceros sentimientos, las palabras que de verdad querían salir. Explotar. Palabras que me explotaban en los labios y morían de impotencia al sentirse acalladas por mi cobardía.
Moría la honestidad, pero no moría el amor. Al contrario de lo que se piensa, en la guerra el amor esta presente desde antes del primer encuentro.
Con él, sin embargo, la guerra era menos temible, me fascinaba tener que enfrentarlo, y que me destroce sin piedad con esos versos tan filosos como perfectos, cuyo mayor poder contra mí era la duda de saber si tales rimas eran de verdad para mí o si pertenecían a un discurso común y corriente en su lista de abatidas.
Siempre fue un placer morir de amor en sus brazos. La peor guerra, y la más linda, siempre fue por amor, con pasión, contra él, contra mí, porque sí.

viernes, 4 de marzo de 2016

A pesar de las balas

Prendí la televisión esta mañana, como de costumbre, para ver qué hay de nuevo según el canal que vea, para tener un panorama antes de salir de casa. Nada nuevo por aquí, mucha información internacional, mucha política exterior, poca noticia local.
Agarré el celular, como lo hago cada cinco minutos, entré a mis redes sociales y entendí lo que vengo leyendo hace cinco años en la facultad: los medios no son un reflejo de la realidad. Cada medio decide el corte que se hace y desde dónde se lo mira, si es que se decide mirar.
Entré a Facebook y vi cientos de fotos de gente marchando en las calles que recorro a diario, reclamando por sus derechos. ¿Acaso a vos no te gusta que se respeten tus derechos? A ellos también. A ellos, los docentes, los que cada año están en el centro de la lucha porque siempre pasa lo mismo, y cada vez la situación empeora más.
Vi publicaciones de compañeros de la facultad, de compañeros del laburo, de amigos de otros lados, todos comprometidos con la difusión de lo que de verdad estaba pasando: los estaban reprimiendo.
Ningún medio hegemónico local dijo nada. Ninguno cumplió el rol de "defender la verdad", como se solía pensar. No.
Cientos de uniformados armando "cordones de paz" para evitar que se acerquen a Casa de Gobierno, tirando palazos por doquier. Un show de balas de goma y gas. Me lo contaron por el face.
Me dolía cada publicación de mis amigos y conocidos; me dolía ver la represión, pero más me dolía ver la falta de vocación de los profesionales de la comunicación (que ahora me permito dudar del titulo) que trabajan en los grandes medios de esta provincia por haber contribuido al silencio y haber bajado la cabeza por no perder un puesto de trabajo. "No podemos decir nada", ¿dónde quedaron los criterios de noticiabilidad que nos enseñaron en clases? ¡Estoy cansada de que todos se callen!
¡Me duele como ser humano ver que hay gente que justifica tales actos de violencia institucional dentro del medio y afuera en la calle, al ver un policía matar a golpes a una mujer por dar un paso más!
Qué le pasa a la gente que sigue con sus vidas como si nada pasara, viendo la novela mientras "la seño" de la hija está peleando por un salario justo por su trabajo. En serio, quiero saber qué le pasa a la gente que no se mete porque cree que esto es sólo de los docentes, y no entienden que todo nos afecta a todos.
En ocasiones como estas me gana la impotencia y el dolor y caigo en el error de pensar que no existe esperanza de un mundo mejor. Pero ahí es cuando aparecen unos cuantos que piensan como yo. Que acompañan la lucha desde donde pueden y quieren y que les importa la vida y el derecho del otro simplemente por no ser egoísta y saber que el día de mañana te puede tocar y te va a gustar sentirte acompañado.
Nunca antes había entendido tanto el sentido de la lucha y del compañerismo, hasta hoy.
Este texto es sólo mi humilde opinión, ojalá llegue el día en que todos podamos unirnos como hermanos y luchar contra los que quieren apoderarse de nuestros derechos, juntos.
Estoy con ustedes, docentes y amigos. No están solos, ni lo estarán, porque estamos juntos a pesar de las balas.




Foto: Alan Lucero

Lourdes