viernes, 26 de mayo de 2017

La foto del 2011

Qué lindo estabas ese día. Tan lindo como siempre, pero mucho más lindo que hoy.

La pulcritud de tu rostro. Una energía especial parecía estar iluminándote. Quizás a esa luz la irradiabas vos, desde los poros, y te salían los haces de entre los dientes constantemente, por tu enorme sonrisa. Esa sonrisa tan honesta como sincera. Hermosa. Cada parte de tu cara es hermosa; y esa mañana se te notaba más.

Tu vestimenta contribuía a ese cosplay de Dios que personificabas. Rompías la costumbre de vestir de negro y el blanco te hacía resaltar del resto. Quizás después de ese momento decidiste encerrarte en la oscuridad para siempre, quién sabe.

Tu mirada relajada acompañaba la sonrisa para cerrar la armonía de tu rostro. Esas almendras que tienes como ojos transmitían todo lo que por tímido seguro no te animabas a decir. En realidad no lo sé, no estuve ahí, pero en una simple -y detestable- imagen se puede ver cómo esos ojos gritan lo que sientes. O sentías.

Estabas tan hermoso, mi amor. ¿Qué te pasó?

Te recibí hecho pedazos. Te agarré por partes y de a poco intento unirte; que cada trozo se compacte y seas vos de nuevo. Por eso siempre te abrazo con todas mis fuerzas. Porque quiero verte bien.
Quizás no sea lo mejor que yo desee ver esa sonrisa que tenías, ahora viéndome a mí. Algo de mi sabe que eso no me corresponde. Ese brillo no era por mí. Yo no estoy en esa foto, ni estaba en esa realidad.

Me cuesta tanto volver al presente después de ver ese pasado. Me olvido de que ahora esos ojitos tan lindos me miran a mí. Pero, qué más puedo hacer; siempre fui así.
Ojalá existiera un libro de nuestras vidas y pueda arrancar todos los capítulos que hoy los leo y me hacen llorar. Pero son tantos que entiendo que si lo hiciera, quedarías vacío. Me cuesta entender que todo eso es parte de vos, y te tengo que querer así. Agh!

Lo bueno de todo este drama es que puedo tener la consciencia tranquila de saber que bueno, sí, no causé esas sonrisas, y no estabas enamorado de mí, entonces por eso no fui yo quien te dejó por el piso, destrozado.
Lo que me queda es intentar que ese cuento no quede ahí y puedas tener un final feliz; no con ella, quizás sin mí.

miércoles, 26 de abril de 2017

El chico de las horas extras

El chico que colecciona horas extras tiene la sonrisa más linda de todo el lugar.
Y unos ojos almendrados que combinan con sus labios, gruesos, furiosos, deliciosos.
Los acompañan una nariz perfectamente proporcional a la ternura y perfección que transmiten en conjunto, en armonía, todo su rostro.

El chico que le hace canciones divertidas a sus compañeros tiene una ventana sexi entre sus dientes
No te podría explicar lo que se siente verla brillar entre su sonrisa
Al punto de hacerme decir cualquier tontera con tal de provocarlo.

El chico de los mil cómics y los muñequitos de colección da los abrazos más cálidos del planeta
Ni dormir entre las nubes se asemeja a estar rodeada de esos brazos antes de dormir
Reconforta y alivia dolores
Como un remedio chino, pero alemán.

El chico callado de las historias pasadas absurdas en realidad tiene mucho por decir
Cuenta los mejores chistes y tiene la habilidad de volar con la imaginación
Y yo lo acompaño.
No hay nada mejor que volar con él.

No hacen falta drogas, alcohol ni una noche en un boliche fantasma de la ciudad para pasarla bien
Su compañía y sus historias son suficientes para hacerme feliz
Más sus ganas de más, que se juntan con mis ganas de mejor

Somos el mejor equipo para todo
Somos lo mejor para los dos.

jueves, 23 de marzo de 2017

No me dejes en paz

Podría pedirte por favor que no me dejes en paz, pero no voy a rogar por mi vida o mi paz mental.

Es extraño, sabes. Muy. Y todavía no deja de sorprenderme mi valentía, porque ya no tengo miedo, ¿viste? Ya no me das miedo, me das lástima.
Pensar que por tanto -tanto- tiempo fuiste mi inspiración; llenaste las líneas de mis cuadernos; también tenías un alto porcentaje de presencia en mi cabeza, y encima tenías el tupé de robarme el corazón (a veces, después de todo, sí).
Corrí contra la corriente por vos, no porque me lo pedías, sino porque yo así lo quería. Te quería, con toda mi enfermiza y adolescente alma; esa que cree que el amor es para siempre y que nunca iba a permitir que nada ni nadie nos separe. Quizás lo dos así lo hicimos y así lo idealizamos, hasta que mi frente chocó con tu frente y nos terminamos de enfrentar.
Vos no eras para mí y yo tampoco para vos. Intenté explicártelo con poemas, con versos, con silencios, con gritos y puteadas, pero aún así no lo entendiste. Sin verme, sin saber de mí -o yo de vos- enterraste en lo más profundo todo afecto. Ya no queda nada. Hace mucho que dejaste de latir.
Y aún sabiendo que no hice nada malo, mi consciencia no me deja dormir: ¿Soy una mala persona? ¿Qué voy a hacer con tantos recuerdos horribles dentro de mi? ¿Qué va a pasar con mi tranquilidad? ¿Me la van a devolver? ¿Vas a desaparecer al fin? Sos el fantasma que no me deja en paz desde que decidí quererme un poco más.
Pienso mejor lo que siento, lo que creo y lo que quiero, y no quiero que me dejes en paz. No quiero un nudo en la garganta, presión en el pecho, nauseas y dolor de cabeza al recordar quien sos. ¿Y ahora quién sos? ¡Nadie!
Como no voy a permitir que nadie me deje en paz, no voy a dejar que me mates, ya no más. Me mataste de todas las formas que se puede matar el amor de una chica que daba la vida por vos. No voy a dejarte la última posibilidad de matar lo poco que pueda quedar de mí. O al menos no te va a resultar tan fácil, porque nunca lo fue.


Nunca fui tu propiedad.