martes, 6 de septiembre de 2016

Gamer

Jugando conmigo, ¿qué ganas?
Un experto en el manejo de realidades virtuales. Conoce más de cien combinaciones para no perder.
Con sus suaves manos -que han entrenado bastante, con quién sabe cuántos joysticks- realiza las combinaciones exactas, perfectas, para desarmarme por completo.
Me dejo llevar
Con la mirada desafía, me invita a jugar con él, me incita a perder. Yo le quiero ganar, y cuando pierdo
Me dejo llevar
Él es un gamer profesional, se sabe todos los trucos para zafar. Me ve enojada, me deja ganar. Me vuelvo a enojar.
Me dejo llevar
Me tiene como loca, me muerdo la boca de ganas de comerle la boca. Vuelve, viene, me deja y se va;
Me dejo llevar
Como un vicio, es adictivo. Qué difícil es dejarlo de jugar. Es el juego más entretenido de un tiempo hasta acá.
Me dejo llevar
¿Pasé de nivel o es el round más largo que alguna vez jugué?
Me gusta jugar, ¿le gusta jugar?
Si yo pierdo, ¿quién gana?
Si él me gana, ¿qué gana?
Una vez más, decidida
Me dejo llevar

viernes, 15 de julio de 2016

Afinadísimo

¡Qué lindo volverte a ver, Estela! Negrita linda, siempre vos, trayendos sorpresas.
¡Qué grato encuentro!
Cada vez que te veo vienes con algo nuevo. Siempre vos, con tu misterio.
Pasó tanto tiempo que se me hizo difícil volver a tomar confianza, hasta que me soltaste la lengua y pude empezar a hablar sin miedo.
Con tu mirada de canchera, me pones a prueba a ver qué tanto estoy dispuesta a dar.
Yo te sigo la corriente; a veces es bueno dejarse llevar.
Ay, negra; no sabes cuánto extrañaba el cosquilleo en el estómago. No me puedes culpar: si no hubiese sido por vos, nada pasaba.
Excusas sobran, pero no hacían falta.
Cálido lugar. La música, una montaña rusa de sensaciones; del 'subí el volumen' al 'apaga eso, por favor'... exactamente igual a como me hiciste sentir.
De todos modos, fue lindo caminar con la Luna en los hombros, borrando dudas -si es que quedaba alguna- sobre su complicidad. Brillaba tanto, pero no como esa mirada, quizás la mía también, pero cómo saber.
Ha sido un placer encontrarte esa noche, y dejame confesarte algo que quizás no te diste cuenta: las ganas de envolverte con mis brazos aún no me dejan en paz.

Qué linda sonrisa

martes, 21 de junio de 2016

La fiesta de la hipérbole y el horror

Qué desastre. La ausencia -tu- se encontró con el olor de tu pelo en mi gorro y en la remera gris con poco uso.
Empezó en Facebook con un like que apareció en la foto de una amiga, domingo a la noche. Una vez más, jugando a que no estás.

Fue en la piecita esa, la del calefón que en realidad es termotanque. Como parte de la decoración, el dibujo rosa de la extraña cabeza, en todas sus variantes de color, una al lado de la otra. Iguales.
De fondo sonaba El Flaco.
Se sentaron en la mesa doce del lugar a recordar fugaces momentos húmedos, alerta y autocontrol, mientras leía las breves historias que acompañaban los cuadros que eran la excusa inmediata para ocultar el nerviosismo, el leve temblequeo del cuerpo, las manos transpiradas, el pecho con la sensación de ser un objeto a punto de estallar.

¡BOOM!

Al final se quedaron a dormir, o eso intentaban: la novedad y la calentura no paraban de reír y molestar con su teatro romántico predecible del otro lado del muro, mientras por ahí hacia frío. Mucho frío.
La mañana siguiente hizo más frío aún, pero una ola de calor que llegó de sorpresa dejó una débil sensación de alivio, que sirvió para espantar la soledad y darle paso a la calma; para poder limpiar todo el desastre de la noche anterior, de la fiesta del horror.

Ya no estaban los fantasmas de aquel evento; y no porque hayan desaparecido, sino porque la fiesta, por fin, había terminado.