martes, 2 de febrero de 2021

Fragmentada

Fragmentada

Porque ya no sos más la misma de antes.
Porque te partieron al medio, y aunque la herida haya cicatrizado, la marca va a recordarte siempre que ya no estás entera.
Te falta una parte
Una parte que nunca más va a ser parte de vos
Y tienes que aprender a vivir sabiendo eso.
Dividida en varios pedazos
En algunos predomina la risa, en otros el llanto, en otros enojo, pero en todos quedó la duda y la incertidumbre
Ya no sos la misma pero la inseguridad y el miedo van a estar igual
Solo hay que aprender a esconderlos un poco mejor.

Fragmentada
Porque el todo se rompió
Física, psíquica y emocionalmente.
Ya no te perteneces. Ya no sos solo vos.
Ahora hay que aprender a ser dos,
La división que no tiene que restar.
Fragmentada, separada de mí misma

Y en el fondo, esa nostalgia eterna de lo que fue y ya no será más,
Donde los recuerdos más lindos se convirtieron en un presente impensado.
"Eso, ya no más", y una resignación de saber que la esencia va a ser siempre la misma
Aunque ya no seas una
Aunque ahora seas la suma de fragmentos
.

Lourdes

lunes, 21 de octubre de 2019

La conquista


The player can change, but the game is always the same
Allways wanna go but you never wanna stay

Era la satisfacción, ver la transformación de la piedra en esponja, jugar con la capacidad de absorción del otro y poder estrujarlo, escurrirlo después.
Era su virtud luchar por sus sueños hasta hacerlos realidad; sin importar si la voluntad ajena era parte del final. “El fin justifica los medios”, aunque aquello implique acariciar la locura.
Perseverar, insistir, seguir adelante hasta lograrlo. Porque era eso, cada conquista, un logro. Un numero más en la lista de dos columnas en una página amarillenta por los años.
Un cuerpo con hambre de sumar cuantitativamente víctimas que serán victimarios cuando ya no gusten más.
El juego de seducción, un clásico hobbie que no pierde vigencia, olvidarse del amor. El salvajismo de citar a Freud para justificar el deseo carnal de estar con uno y con otra hasta saciar la sed de más. Un hábito que descansa pero no cansa. Hay tantas personas en el mundo que probar.
Y en cada rito, marcar territorio para ser recordada, dejar una huella, y la puerta entreabierta para que siempre se pueda volver a entrar. Sólo ella, nadie más.
Siempre un juego, nunca en serio. Gritar en silencio, la ropa en el suelo, tirarse del pelo, los dedos bailando desde la nuca hasta el fin de la espalda. Reír juntos, llorar sola después.
Creó una comunidad de cuerpos que transpiran y gimen al ritmo del capricho de una loca que no sabe querer. O no quiere. No sabe quererse.
Su bienestar depende de las presas que pueda conquistar. Que la busquen, su mayor anhelo. Que la quieran, su peor miedo. Que la olviden, su pesadilla. Y todo se vuelve confuso si en ese camino del olvido, se enamoran de alguien más.
Danzando entre la histeria y la locura de no quererse ni saber qué hacer; y el terror de quedarse sola con sus pensamientos gritándole en voz alta.
Que no la siga nadie, ella quiere estar sola. Y si llora hoy, porque algo en su rutina no salió como lo planeado, no importa. Mañana es otro día para volver a intentar. Siempre hay alguien más a quien salir a conquistar.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Al purgatorio

Me pregunto qué le habrá pasado por la cabeza cuando recibió el sobre. ¿Se lo habrá imaginado? ¿Habrá tenido alguna sospecha? ¿Habrá llorado pensando en el final? Quizás nunca lo sepa, quizás simplemente no pensó en nada. En nada, y siguió. Se puso las alpargatas y se fue a trabajar.
Y pensar que hay gente que se enoja y putea por no poder comprar un sillón; u otros peor, que no llegan a fin de mes por haberse endeudado para comprar un celular. Pensar que hay gente que vive triste y enojado viendo lo que le falta, en lugar de todo lo que tiene.
Y a este, que le falta todo, quizás lo único que le importe ahora sea tener un poquito más de algo tan simple e importante como la vida. Le falta tiempo, le falta vida, ¿será que quiere un poco más? ¿O será que ya no quiere ni lo que le queda?
¿Se preguntará cuánto le falta? ¿Se arrepentirá de algo que hizo, o de algo que no? ¿Será consciente de que se está muriendo? De que un hongo le está comiendo los recuerdos y todo lo que lo hace quien es.
¿Cómo sabe uno si está viviendo o si en realidad estás muriendo y delirando en una cama de hospital?
¿Se acordará de mí? Y de todos los chistes que solíamos hacer sobre la gente que nos caía mal. ¿Se acordará del abrazo que me dio esa noche que me vio llorando de impotencia por no poder mandar a la mierda a mi jefa? ¿Sabrá que me duele saber que está así? ¿Se sentirá solo? ¿Sentirá dolor?
Negar que las cosas cambian es un absurdo, tanto como pretender que la muerte no duele; pero no pensé perder a dos personas que quería en menos de lo que tarda la Tierra en girar alrededor del sol. Y perderlas en serio, porque las otras formas de perder son puras ficciones. Ficciones que a veces ni duelen, y este tipo de pérdida sí que duele, y no se olvida. A veces no se supera jamás.
Y sé que voy a seguir mi vida, como todos. Vamos a levantarnos al otro día, ir a trabajar, atender hijos, ir a eventos, ver películas, volver a sonreír y volver a estar tristes por otra cosa. Quizás hasta me olvide de todo por un momento, pero cada vez que algo los traiga a mi memoria, voy a extrañar, y me va a doler.
Va a doler porque no acepto ni voy a aceptar nunca perder a la gente que quiero. Gente buena, que no hizo nada malo, gente que me llegó de alguna manera. No quiero aceptar ni voy a aceptar nunca que esa gente se vaya antes que yo. Es un dolor tan inexplicable como feo, la soledad, el vacío que deja cada uno -y que van a dejar- que no me siento preparada para afrontar.
La muerte es tan común y tan compleja para mí. No le tengo miedo a morir. Tengo miedo de que la gente que amo se siga muriendo.