viernes, 15 de julio de 2016

Afinadísimo

¡Qué lindo volverte a ver, Estela! Negrita linda, siempre vos, trayendos sorpresas.
¡Qué grato encuentro!
Cada vez que te veo vienes con algo nuevo. Siempre vos, con tu misterio.
Pasó tanto tiempo que se me hizo difícil volver a tomar confianza, hasta que me soltaste la lengua y pude empezar a hablar sin miedo.
Con tu mirada de canchera, me pones a prueba a ver qué tanto estoy dispuesta a dar.
Yo te sigo la corriente; a veces es bueno dejarse llevar.
Ay, negra; no sabes cuánto extrañaba el cosquilleo en el estómago. No me puedes culpar: si no hubiese sido por vos, nada pasaba.
Excusas sobran, pero no hacían falta.
Cálido lugar. La música, una montaña rusa de sensaciones; del 'subí el volumen' al 'apaga eso, por favor'... exactamente igual a como me hiciste sentir.
De todos modos, fue lindo caminar con la Luna en los hombros, borrando dudas -si es que quedaba alguna- sobre su complicidad. Brillaba tanto, pero no como esa mirada, quizás la mía también, pero cómo saber.
Ha sido un placer encontrarte esa noche, y dejame confesarte algo que quizás no te diste cuenta: las ganas de envolverte con mis brazos aún no me dejan en paz.

Qué linda sonrisa

martes, 21 de junio de 2016

La fiesta de la hipérbole y el horror

Qué desastre. La ausencia -tu- se encontró con el olor de tu pelo en mi gorro y en la remera gris con poco uso.
Empezó en Facebook con un like que apareció en la foto de una amiga, domingo a la noche. Una vez más, jugando a que no estás.

Fue en la piecita esa, la del calefón que en realidad es termotanque. Como parte de la decoración, el dibujo rosa de la extraña cabeza, en todas sus variantes de color, una al lado de la otra. Iguales.
De fondo sonaba El Flaco.
Se sentaron en la mesa doce del lugar a recordar fugaces momentos húmedos, alerta y autocontrol, mientras leía las breves historias que acompañaban los cuadros que eran la excusa inmediata para ocultar el nerviosismo, el leve temblequeo del cuerpo, las manos transpiradas, el pecho con la sensación de ser un objeto a punto de estallar.

¡BOOM!

Al final se quedaron a dormir, o eso intentaban: la novedad y la calentura no paraban de reír y molestar con su teatro romántico predecible del otro lado del muro, mientras por ahí hacia frío. Mucho frío.
La mañana siguiente hizo más frío aún, pero una ola de calor que llegó de sorpresa dejó una débil sensación de alivio, que sirvió para espantar la soledad y darle paso a la calma; para poder limpiar todo el desastre de la noche anterior, de la fiesta del horror.

Ya no estaban los fantasmas de aquel evento; y no porque hayan desaparecido, sino porque la fiesta, por fin, había terminado.

domingo, 15 de mayo de 2016

:v

Tu voz es un fantasma que no está

Qué tal, cómo te va. Espero que el domingo te esté pegando como a mí.

Hay un par de sentimientos bailando en mi cabeza desde hace un tiempo. Me marean al punto de que un día los aguanto, me la banco, y otros- como hoy- te los quiero vomitar, porque es domingo y me permito dramatizar.

El tiempo ha pasado. Has dejado de sorprenderme. Sin embargo, todavía no me aburrí lo suficiente como para dejar de escribir sobre vos.
No sé por qué siempre me inspiras, y ya sabes cómo es esto; de alguna manera hay que pasar las noches de insomnio.

Al menos escribiéndote te siento cerca, aunque estés más lejos que mi idea de libertad.

Hoy no te escribo para que me digas que te gusta cómo escribo. Hoy te escribo porque me cansé de aguantar.
Y, como si estuvieses adivinando cada una de las cosas que pasan por aquí, continuas tu ardua tarea de inspirarme, con tus canciones, tu silencio, y te acomodas en mi cabeza dispuesto a quemar el resto de lo que quede por ahí.

Haces que odie al mundo, haces que me odie a mí.

Pobre el mundo, que bastante arruinado está, y la sigue remando para no decepcionar a los pocos que todavía creen en él. Ahora se tiene que comer mi odio sin sentido. Qué culpa tendrá él de mi resentimiento.

No existe culpa para el desamor. Me hago cargo de mi desilusión. Dejame ir. No quiero estar así en vos. No te quiero así, de a ratos, cada tanto. ¿Acaso piensas que no duele?

Y no me siento ridícula por decirte todas estas cosas. Es mi manera de gritar por papel lo que me trago con suspiros cada vez que alguien me habla de vos.

Me acuerdo de aquella inocente carta que una vez te di, no sé qué quedó de mí ahí. Ya no somos lo que éramos, y no puedes culpar a Macri de eso esta vez.

No me voy a enojar si decides hacer lo que haces siempre, como fantasma que sos, y desapareces por completo de mi campo visual –virtual, porque en la realidad casi no existes, no te veo- en serio. Andá.

Los sentimientos no han parado de bailar aún, y ya necesito bajar. Buenas noches, ha sido un placer dejarme desencantar hoy.

Buscando algo mejor me voy de esta canción.
La lluvia y el miedo me ponen así.